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LAS DIEZ LEYES DEL CRECIMIENTO

Primera ley: La ley de las tres fuerzas.
La primera ley, la más abstracta de todas, es la de la existencia de tres fuerzas o principios que juegan en todos los cambios que supone el crecimiento. Estas tres fuerzas son las que en la antigua literatura védica recibieron los nombres sánscritos de sattva, tamas y rayas, y que representan el elemento creador de lo nuevo
(sativa), el destructor de lo que ya no sirve (tamas) y el que mantiene equilibrio en la relación entre los otros dos (rayas).
Estas tres fuerzas presiden absolutamente todos los cambios que se producen en el Universo, incluidos hasta – por ejemplo - los cambios biológicos de nuestro organismo; estos cambios o procesos biológicos pueden ser catabólicos o de eliminación, metabólicos
o de regeneración y finalmente homeostáticos o de mantenimiento de equilibrio entre las diferentes funciones biológicas.
Pues bien, en el proceso de crecimiento también se crea (nuevas actitudes, pautas de conducta e identificaciones elevadas), también se destruye (viejos mecanismos, identificaciones bajas) y también entra en juego el elemento equilibrador (impidiendo que los cambios sean excesivamente bruscos y consiguiendo que sean asimilables). Sattva en el proceso de crecimiento es lo que nos impulsa a mejorar, lo que nos lleva hacia una mayor positividad y elevación: tamas es lo que nos mantiene ligados a los modos de conducta negativos: rayas finalmente, es el elemento equilibrador entre estas dos tendencias.
Segunda ley: La ley de las tres fases.
Esta ley significa que en el proceso de resolución da problemas - para crecer - existen tres períodos distintos:
A) Sacar el problema a la superficie
B) Aceptar que tenemos el problema
 C) Resolver el problema (con la consiguiente disolución del "samskara" o impresión negativa que en nosotros el problema suponía)

 A) En la primera fase, un problema que por así decirlo estaba dormido o semioculto, salta a la mente consciente o superficial y así nos damos cuenta de que existe. La superficialización del problema se puede producir por diversos motivos, si bien en el caso concreto de nosotros, meditadores con manirás individuales, el proceso se acelera mucho, porque las vibraciones que el manirá produce en nuestros cuerpos sutiles sacuden, por así decirlo, las impurezas y las proyectan hacia afuera. O, por decirlo de otro modo, las vibraciones del mantra despegan los samskaras del cuerpo astral y los hacen visibles a nuestra mente consciente.
B) La segunda fase, no dependiente de la técnica de meditación sino de nosotros, es la aceptación del problema, lo que significa admitir:
 1°. Que tengo este problema (el problema x)
2°. Que el problema es mío y, por tanto, yo soy la única persona que, en definitiva, puede resolverlo Si no admitimos que el problema existe no podremos resolverlo y, por lo tanto, superficializarlo habrá sido completamente inútil.
C) La última fase es la resolución del problema, resolución que no suele ser instantánea, sino que requiere un cierto tiempo, una cierta paciencia y una actitud relajada ante el problema, no actuar con obsesión ni tensión, que de nada sirven. Somos pacientes y tolerantes con nosotros mismos - regla básica de la salud mental - y nos tomamos todo el asunto con el mejor humor.

Tercera ley: La ley de óptimo crecimiento.
Esta ley se podría formular de una manera muy sencilla diciendo que el crecimiento más rápido y, al mismo tiempo, más suave y agradable se produce cuando se combina, por un lado, una cierta presión externa hacia la resolución del problema y, por otro lado, un sentimiento de amor y aceptación que nos da sensación de apoyo y seguridad y, por tanto, nos hace perder el miedo a los cambios que suponen crecimiento. Los ejemplos que demuestran esta ley son muy frecuentes: - El niño pequeño aprende mucho más rápido si el padre o profesor que le está enseñando, a la vez que le exige, le da sensación de cariño y apoyo incondicional. - El niño rinde mucho más si quien dirige su trabajo por un lado le encomienda tareas de responsabilidad pero, por otro, le demuestra su afecto y confianza. - El novio o novia, marido o mujer pueden pulir mucho más rápidamente sus defectos de carácter si su pareja, al tiempo que los defectos se ponen de relieve directa o indirectamente, fluye hacia ella o él con sentimientos de amor provocando en el otro sensación de seguridad y deseo de mejorar. Hay que advertir en este punto que, en nuestro caso, la sensación de amor y seguridad fluye permanentemente, mientras no la bloqueemos, con el guru-shakti que viene de Gururaj. Este guru-shakti no sólo supone sensación de amor y seguridad por si mismo, sino que además produce el efecto del "despertar": el Ananda-mayakosha o Amor Universal, que es parte de nuestra
naturaleza íntima y que cuando se "despierta", a los primeros que beneficia, dando sensación de apoyo y seguridad, es a nosotros mismos.
Cuarta ley: La ley de la crisis o del clímax.
Esta ley significa que cuando nos estamos acercando al punto en que tenemos una oportunidad grande y clara de resolver un problema los síntomas de ese problema suelen agravarse y hacerse mucho más marcados. Y ello tanto si se tratado problemas internos como de problemas de relación con otras personas.
Por eso, como dice Gururaj en uno de sus satsangs de Inglaterra, hay que esforzarse por ver en la dificultad y la adversidad una oportunidad de crecer. Y, por ello, en lugar de reaccionar ante la crisis de una manera emocionalmente negativa (con ansiedad, tristeza, apatía) lo que hay que hacer es tratar de objetivar la crisis y aprovecharla para evolucionar', detectando el problema real que originó la crisis para, a continuación, afrontarlo.
Quinta ley: La ley de la autoayuda.
La ley de autoayuda significa que además del análisis intelectual— de nuestros mecanismos, de las técnicas de meditación o demás factores que puedan ser herramientas muy poderosas para provocar el crecimiento, éste requiere como condición indispensable que queramos ayudarnos a nosotros mismos, que queramos crecer. Ciertas técnicas y circunstancias personales pueden estimular el crecimiento, pero si nosotros no mantenemos una actitud positiva, éste no se va a producir. En última instancia, nada ni nadie puede hacernos evolucionar desde fuera; pero si estamos propicios a la evolución, ciertas circunstancias, personas y técnicas la pueden potenciar y acelerar.
En nuestro caso, una actitud negativa hacia el crecimiento puede llevarnos incluso al bloqueo del guru-shakti. En cambio, una actitud positiva, que se demuestra por el simple hecho de la meditación perseverante, puede canalizar las energías que despiertan - las técnicas y el guru-shakti hacia la realización de ese crecimiento.

 

Sexta ley: La ley del presente y pasado.
Un cierto análisis y conocimiento de las causas que provocaron los problemas que tenemos a menudo sin/e para situar el problema en sus justos términos y, por tanto, normalmente para debilitarlo. El darnos cuenta de cuáles han sido las circunstancias, acontecimientos o influencias que nos han originado un cierto problema emocional, de personalidad o de relación suele ayudar a valorar el problema exactamente en lo que es, privándole así del halo de origen desconocido contra lo que nada podemos hacer. El darnos cuenta de su origen y su proceso nos ayuda a ver el tipo de remedio que se le puede aplicar y nos damos cuenta de que se trata de algo que, igual que en un tiempo empezó, en otro tiempo posterior lo podemos hacer desaparecer. Lo que no conviene es centrarse obsesivamente en el análisis del problema pasado, pues de esa manera creamos
una fijación con ese pasado, cuando lo que nos interesa es centrarnos en el presente, que es donde podemos dar solución al problema.
Séptima ley: La ley del péndulo.
Si el péndulo retenido en uno de los dos extremos de su trayecto es de repente soltado, automáticamente, por su propia fuerza, irá impulsado hacia el extremo contrario antes de situarse en el punto medio equidistante de los extremos. Análogamente, en el proceso de liberación de las emociones, tendencias o deseos reprimidos o negados, existe una tendencia - en el momento de su liberación - a expresar lo negado de una manera dramática o extrema. Es decir, se tiende como el péndulo a pasar de uno a otro extremo antes de conseguir el equilibrio. El ser claramente conscientes de la existencia de esta ley y de nuestras áreas en que existe tal represión o negación, nos permite controlar la inercia del péndulo emocional para así evitar actitudes auto o héterodestructivas. O, lo que es lo mismo, nos permite pasar lo más directamente posible al punto medio equilibrado, sin necesidad de perder tiempo y desgastar energías en el extremo opuesto a aquél en el que nos encontramos. Durante estos procesos pueden presentarse ocasionalmente cienos fenómenos, tal vez extraños a nosotros, como ira o lágrimas. Si se presentan, es mejor permitirlos que bloquearlos en nuestro interior.
Octava ley: la ley del proceso escalonado.
El proceso en cualquier área de la vida suele hacerse a base de dos pasos adelante y, a continuación, uno hacia atrás. Puesta la cuestión en los términos más simples posibles podemos describirla así: Cuando tenemos un problema personal o emocional en fase crítica, se nos presenta con ello una gran oportunidad de resolverlo, con la disolución del correspondiente "samskara" o impresión negativa que el problema suponía en nosotros. En tal situación crítica se produce una tensión entre las fuerzas tamásicas (fuerza del problema y miedo al cambio) y las sátvicas (deseo de progresar o de liberarse). Si en la pugna prevalecen las fuerzas sátvicas o elevadoras puede suceder que éstas "rompan" las ataduras del problema para situarnos, por así decirlo, dos escalones por encima de aquél en el que estábamos, debido a la fuerza puesta en movimiento en el momento de la ruptura. Sin embargo, esta subida cuasi instantánea luego se rebaja o "sedimenta" debido a la inercia, de tal vez años, del problema que estaba implicado, que nos hace "bajar de escalón". Con todo el proceso, sin embargo, hemos conseguido situarnos un grado por encima de aquél de que partíamos originalmente.
 Novena ley: La ley del discernimiento en el cambio.
De acuerdo con esta "ley" hay que aprender a distinguir entre lo que son defectos o debilidades, que hay que eliminar, y lo que son simplemente características o tendencias no negativas de nuestra naturaleza, que no hay por qué erradicar sino mas bien canalizar (la leche agria no hay que tirarla - dice Gururaj - se puede utilizar para hacer yogur).
A veces, de una manera excesivamente simplista, llegamos a la conclusión de que cierta faceta de nuestra personalidad es negativa y decidimos cambiarla radicalmente. Y, a lo mejor sucede que lo que precipitadamente juzgamos negativo no lo es, y se trata más bien de una característica de nuestra naturaleza que no hay por que eliminar sino, por el contrario, aceptar y canalizar adecuadamente. Al intentar erradicarla vamos a violentar nuestra naturaleza inútilmente y crearnos así tensiones innecesarias. Por poner un ejemplo muy elemental de esto: puede suceder que una persona sea ordenada, rígida y meticulosa en todos sus asuntos y su actividad. De repente se da cuenta de ello, lo juzga injustamente negativo y se lanza a vivir y actuar anárquicamente, sin orden, planificación o previsión de ningún tipo. Con ello se genera una gran incomodidad, pues su naturaleza es el orden y el plan. Mejor hubiera sido que, aceptando esa naturaleza, la utiliza-se en aquellos asuntos en que el orden y la planificación son convenientes, procurando, simplemente, no extralimitarse con actitudes de excesiva meticulosidad en lo poco importante o con planes de una rigidez esclavizante negadora de la creatividad. Lo mismo cabría decir del serio que pretende imponerse una alegría artificial, del sosegado que se quiera imponer una actividad frenética y tantos otros casos. Una cosa son los defectos o debilidades - que como tales son negativos - y otra las características o tendencias neutras o asépticas de nuestra naturaleza - ni positivas ni negativas - que no hay que combatir sino canalizar.
 Décima ley: La ley de la sincronía.
Esta ley es una consecuencia del aspecto de Inteligencia Universal que es parte del cosmos o naturaleza. Muy brevemente se puede enunciar diciendo que siempre que una persona precisa de un determinado tipo de relación o situación para propiciar un cambio mental, emocional o espiritual para el que está preparada, esa relación o situación inmediatamente se presentará. Y una cosa curiosa en relación con la ley de la sincronía: muchas veces cuando estamos identificándonos con un nivel inferior deseamos fervientemente algo (por ejemplo, ciertas propiedades o seguridades) y no lo conseguimos. Cuando luego ascendemos en nuestro sentido de identidad y dejamos de desear aquello, de repente nos es dado. ¿Por qué? Por la sincronía. Si se nos hubiera dado lo que queríamos, nos hubiéramos sentido satisfechos y no hubiéramos tenido tal vez los problemas o inquietudes que nos han llevado a cambiar. Y por lo tanto no habríamos crecido un escalón. Una vez ascendido aquel nivel, lo que entonces queríamos se nos da porque ya no hay razón para que nos sea negado.

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